Enyeama es el portero titular de la selección, no hay debate. El jugador del Lille, de 31 años, aporta veteranía al equipo y podrá aconsejar a los más novatos de cómo va un Campeonato Mundial, porque éste será el tercero que dispute. En el de Sudáfrica, fue elegido en dos ocasiones mejor jugador del partido, siendo elogiado por rivales como Leo Messi. Hoy en día se encuentra en uno de los mejores momentos de su carrera y disfrutando de la titularidad en uno de los equipos grandes de Francia. Dotado con unos extraordinarios reflejos felinos, cada año que pasa se convierte más seguro en las salidas aéreas y bloca balones con más facilidad. Si Nigeria llegara a una tanda de penaltis no sería raro verle tirar alguno, ya que en el Hapoel de Tel Aviv solía lanzarlos él.
La defensa es seguramente la parte más floja del equipo. Ambrose por la derecha y Echiéjilé por la izquierda son los laterales que partirán de inicio, salvo sorpresa. Son altísimos para jugar donde juegan, 1.90m y 1.85m respectivamente, y eso les hace torpes ante rivales con calidad y desborde. La punta de aceleración la cogen pasados unos segundos des de la arrancada, hecho perjudicial para defender. En ataque, sobre todo contra equipos inferiores, tienden a subir bastante para doblar a los extremos y centrar al área. Los jóvenes Omeruo (20 años) y Oboabona (23 años) tienen todas las papeletas de ser los centrales titulares, incluso por delante de Joseph Yobo (33 años), el jugador con más internacionalidades de la historia de la selección y uno de los pocos supervivientes del cambio generacional de Keshi. Los dos son muy atléticos y pese a rondar el metro ochenta y cinco son bastante ágiles. En tareas defensivas van bien al corte y saben anticiparse muy inteligentemente. Su principal defecto es la salida de balón. Si no encuentran un mediocentro cerca para asociarse, optan a menudo por regalar el esférico con un pelotazo hacia arriba. En los balones por arriba también sufren demasiado por la altura que tienen y no terminan de aprovecharla en las jugadas de estrategia a favor.
En el vocabulario futbolístico, el centro del campo tiene muchos sobrenombres, pero para Nigeria sólo uno: sala de máquinas. Y es que los mediocentros del combinado africano son hombres con un físico fuera de lo común con una capacidad de sacrificio envidiable. John Obi Mikel y el joven Onazi serán los encargados de empezar a construir y ayudar a destruir. El primero sabe que es la estrella del equipo y adquiere funciones más creativas y ofensivas que el segundo, casi destinado únicamente a cerrar el pasillo central. Además, el del Chelsea se incorpora más a menudo al ataque y no duda en chutar a romper des de lejos.
Los extremos tienen más variedad de nombres. Ahmed Musa y Víctor Moses parten con ventaja para cubrir las dos plazas pegadas en banda. Los dos son velocistas puros, incansables a la hora de cazar balones largos y centrar a la mínima. Tal es su parecido que ambos pueden jugar en cualquier banda gracias a su gran dominio de la pierna menos buena. Incluso pueden ocupar la posición de delantero centro. Uzoenyi sería el extremo izquierdo más puro, aunque parte como suplente. Por delante del jugador del Stade Rennais incluso podría llegar a estar Uchebo, un delantero de 1,94 que ha llegado a jugar por el flanco izquierdo para romper hacia dentro y aprovechar su potencia de tiro, aunque no es lo más frecuente.
Nigeria cuenta con una fuente inagotable de delanteros. Moses, Musa y Uchebo pueden jugar tanto por banda como en punta, pero hay más pólvora. Emenike será uno de los dos arietes titulares si Keshi no cambia de opinión. El del Fenerbahçe no se queda atrás en rapidez de piernas y de movimientos.
